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La Brújula Canina

"El blog para orientar nuestro camino junto con los perros"

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Tango

Este mes os traemos la historia de Tango, contada por su propia compañera humana, una perrita que nació en una granja compartiendo la atención con otros 5 perros y unos 150 animales más.

Tango, mi compañera.

Voy a utilizar sólo unas letritas para referirme a algunas de las “animalas” que aparecemos en esta historia.

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Tango nació en una granja compartiendo la atención de sus humanos con otros 5 perros y unos 150 animales más.

“Llevaos a este perro” nos decían los dueños. “Es muy pesado” decía la señora mayor mientras la apartaba de la puerta de su casa con el pie y ella (Tango) se le arremolinaba en los pies emitiendo gemiditos y con la cola entre las piernas. Nosotras, sin ninguna experiencia y “muertas del amor”, decidimos que sí, que nos la llevábamos y que la criaríamos entre todas 1.

Pensamos que la casa en el campo que estábamos rehabilitando y la compañía de Lc, una perra mayor que ella sería el ambiente ideal para la perra.

Entonces, Tango, era sólo una “ratilla” de 4 meses con el hocico desproporcionadamente largo y los ojazos grandes y vidriosos. Su característica cola ya era tan larga e híper-rizada, como lo es ahora.

La casa es un caserón, una finca que los dueños adquirieron por los campos de cultivo y que llevaba deshabitada más de 40 años. Fue en julio del 2015 cuando comenzamos a rehabilitarla y no fue hasta marzo del año siguiente que la habitamos. La idea era que las perras “guardaran” la casa, que estuvieran ahí y que, como nosotras íbamos casi-todos los días a trabajar ellas tenían “todo lo que necesitaban”.

El cuadro era terrorífico. En mi opinión, Lc,  ya tiene sus propias carencias, de socialización, de salir y de hacer cosas de perros en general. De julio a noviembre las perras vivieron juntas y solas en la casa. Nosotras íbamos a trabajar en la obra de lunes a viernes de 8:00 a 16:00. Cuando llegábamos ellas nos recibían con mucha alegría esperando fervientes a que abriésemos la puerta, poder saludarnos y “ser libres”. Lo primero que recibían, en el momento en que la puerta se abría y ellas nos saludaban efusivamente, era un retahíla de “No! No! Abajo! Abajo! No! Eso NO se hace!  Muy mal!” porque considerábamos que debían aprender a no ponerse de pie apoyadas en las personas para saludar.

Y lo que debía ser agradable (después de 16 horas solas por fin llegaban los humanos) se tornaba desagradable para todas 2.

 

Echar broncas es muy desagradable, siento una energía muy negativa cuando frunzo el ceño y sermoneo a Tango. No acaba aquí, después de la escena de la puerta venía la del desayuno. Nos metíamos a comer en una habitación y esperábamos que ellas entendiesen que no debían entrar, ni molestar, ni hacer nada en torno a ese cuarto, así que de nuevo eran negativas lo que recibían “No! Fuera! Fuera de aquí!! Estamos comiendo” Y les cerrábamos la puerta en los hocicos. Y por supuesto no iba a ser menos desagradable el resto del tiempo, en que nosotras estábamos con las manos en la masa y ellas, de vez en cuando, venían a saludar “No! Fuera! ¡Fuera Tango, estamos trabajando!”

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Y esta era toda la relación con la perra, esa era toda la atención que recibía y fue así durante 4 meses. ¿Toda? No, seguro que, cuando nos daba la gana y sentíamos que queríamos acariciarla o darle cariño, ella estaba allí. Como si fuese una mala hierba facultativa. Mala hierba porque está donde no quieres que esté y facultativa porque a veces sí que te viene bien donde está para acariciarla y limpiar la conciencia de la relación con ella.

En el paso de esos 4 meses, desde que la llevamos a la casa hasta que decidí tomar cartas en el asunto, la evolución no estaba siendo nada buena. Se hablaba de ella como si fuese una perra ansiosa, nerviosa y como si no tuviese remedio. “Es muy nerviosa esta perra” “Sí, es muy pesada” “Está muy encima de nosotros” “No aprende a que no se debe subir a la gente” “Y se pone muy nerviosa y lloriquea mucho cuando llegamos”. Nadie estábamos acompañándola en su desarrollo, su única referencia era una perra con carencias que la dominaba continuamente y unos humanos que no le hacían ni caso y de vez en cuando le decían “Aaayyy bonicaaa, mi amooor”.

En varias ocasiones planteé al grupo que comida y una casa en obras con patio sembrado de escombros no eran suficientes elementos para que una cachorra se desarrollase sin problemas emocionales 3.

Empecé a identificar los hitos que, en la vida de Tango, habían podido suponer traumas y me di cuenta de que estaba siendo cómplice de la desatención total de la perra. Llegamos al acuerdo de que debíamos de sacarla de casa algún día por semana y que la socialización era importante. En noviembre del 2015, estando aún de obras, puesto que ese acuerdo era insuficiente, no se cumplía, nadie planteaba soluciones reales y todas parecían mirar para otro lado con “el tema de la perra”, decidí (también he de decirlo, sin mediar más palabras) que Tango se venía conmigo.

Sabía que este hecho me cambiaría la vida 4.

Soy estudiante, a penas tengo ingresos propios y no me había planteado tener una perra a mi cargo, no era ese el plan. Sabía que me iba a suponer esfuerzo educarla, amoldar mi vida a la continua compañía de un can, llevarla conmigo de viaje cuando visito a mi familia, etc.

Este episodio fue traumático para mí. No por los cambios que he ido introduciendo en mi vida para mejorar la suya, sino porque tomar esta decisión por mi cuenta me hizo poner de relieve que estaba sola en esto. Qué, que yo me “encargase” de Tango suponía una liberación para las demás, pero repito: esto no fue un acuerdo, no era este el plan, fue una medida desesperada que tomé ante el abandono que estaba sufriendo Tango dentro de nuestra casa.

¡Pero, alegrémonos, el resultado no podría ser más bueno! 5.

 

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Tango tiene ahora un año y cuatro meses y, en boca de quien nos conoce, “es una perra feliz”. Me tomé su educación en serio. Esto nos ha llevado por fases diferentes. Al principio estando muy pendiente de ella, enseñándole y, más veces de las que me gustaría, sacando mi lado autoritario de lo cual no estoy orgullosa ya que tengo mucho carácter y me enfado mucho. Pero poco a poco reduciendo esa actitud, esos tonos al mínimo. Esto ha sucedido de forma natural puesto que ella es tranquila y lista.

El planteamiento es sencillo: Por un lado, los seres vivos, todos, buscamos el bienestar, el confort. Solemos preferir zona blanda a zona dura y comida chorreante en cosas sabrosas mejor que comida seca y siempre con el mismo sabor. Y por otro, ser-vivo significa exactamente eso ser que vive, vive durante todo el tiempo, desde que nace hasta que se muere. No existe sólo mientras transcurre el tiempo que les podemos dedicar. Estos seres vivos que, a elección nuestra tenemos a nuestro cargo, dependen de nuestro bien faire para estar bien o mal. Y estar bien o mal no es sólo que el perro esté ahí, que no se muera o que siga haciendo lo que hace siempre.

Estar bien, en mi opinión sólo se puede interpretar tras hacer un ejercicio de empatía. Si yo fuese Tango, con lo que ahora mismo sé de ella (lo que le gusta y lo que no) ¿qué me gustaría estar haciendo?

Y con esto no quiero decir que, todo el tiempo le estés dando a tu perro los caprichos que ni tú mismo tienes, quiero decir que ella está ahí todo el tiempo y que esté mejor o peor depende de mí. Depende de que la trate con más o menos paciencia y cariño en cada gesto para que no se sienta desplazada o ignorada, de que le dé comida sana, sabrosa y suficiente para que no sienta ansiedad o desgana, de que nos desplacemos de propio a zonas en las que ella pueda hacer “cosas de perros” como correr hasta la saciedad, oler cosas nuevas una y otra vez, conocer otros perretes y descubrir el mundo de la socialización.… En fin que pueda disfrutar de los placeres que todos los seres vivos buscamos: el placer del cariño, el placer de la comida, el confort.

Estoy muy contenta con mi compañera. Siempre que podemos, vamos juntas y no atadas. Desde que rondaba el año de edad (llevábamos de 3 a 5 meses juntas) siento que ya no es necesario que esté tan pendiente de ella, que puedo confiar en ella, que no se va a ir sin más, que hay una evolución. Siento que aún tengo muchas necesidades de Tango a las que atender como la de la realización “personal” (yo me siento bien cuando hago algo que me propongo), o la de la sexualidad ¿te gustaría pasar una vida sin haber conocido el sexo?, o su hurañía, cuando pasamos varios días sin socializar con perretes desconocidos le sale su lado más defensor de lo que considera que es suyo-nuestro (defiende con uñas y dientes el espacio que yo ocupo, la bici, la mochila…).

Me queda largo trecho por recorrer antes de alcanzar una relación lo más horizontal posible (siendo conscientes de nuestras diferencias y necesidades) pero aspiro a ello.

A veces me refugio en el “J*d*r! Qué duro es esto!” “No hace caso!” “No estoy preparada para esto!” y me sale la bestia. Que no tiene porqué ir más allá de la unos gritos y malas caras, pero es, si me pongo en su pellejo, una durísima intimidación por mi parte. Porque lo veo, si me acerco hacia ella de mala leche, ella tiene miedo, y eso es muy chungo. Después de todo y aunque a veces me salga mi vena maquiavélica EL FIN NO JUSTIFICA LOS MEDIOS, EL FIN ESTÁ EN LOS MEDIOS. 

PL.


1. LBC (La Brújula Canina): de forma análoga a como ocurre con los seres humanos, muchos de los traumas que limitan la etapa de adultos de muchos perros se producen durante la infancia y la adolescencia. Este argumento, por más de ser cierto, no debe servirnos para anclarnos en el conformismo, si no para encontrar las causas (y no los síntomas) del problema y ayudar a tratar de desenredar esos viejos nudos emocionales.

2. LBC: la falta de empatía con nuestros perros, derivada en muchos casos (en otros mucho no) del desconocimiento de otra especie diferente a nosotros, es la raíz de abundantes problemas en los perros que conviven con nosotros en la sociedad actual. Solamente haciendo el esfuerzo de entender a nuestros perros podremos iniciar el camino de la felicidad mutua y conjunta.

3. LBC: las necesidades básicas que los perros deben satisfacer para ser felices no se reducen a comer, beber y poder hacer sus excreciones líquidas y sólidas. Hay un conjunto de actividades mucho más amplias, entre ellas la conducta exploratoria y la relación social, sin las cuales dicho individuo difícilmente podrá desarrollarse plenamente y, en consecuencia, llegar a ser feliz. Diferente es que nosotros los seres humanos no queramos escuchar lo que a gritos nos están diciendo.

4. LBC: Incluir un perro (o varios) en tu vida es una decisión que muy difícilmente, si no imposible, puede cambiar tu vida. Muchas de las compras o adopciones de perros deberían ser meditadas dos veces. Un perro tiene una vida media de 10-15 años, dependiendo de muchos factores, como la raza, la alimentación, el tipo de vida que lleve, etc,… Debes saber que durante todo ese tiempo muchas de tus rutinas y hábitos tendrán que adaptarse a los de él. Finalmente, salvo determinadas ocasiones muy excepcionales, nadie nos obliga a ello.

5. LBC: Con frecuencia los resultados de las decisiones adecuadas con los perros necesitan de un tiempo para dar sus resultados. Tratando temas comportamentales, la relación causa-efecto normalmente requiere de mucho tiempo para cambiarse. De hecho, tenemos tendencia a aconsejar que se tenga cuidado con esas «fórmulas mágicas» que provocan resultados o cambios en muy poco tiempo.

 


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